Sucede algo curioso: de repente una imagen se te hace conocida. Muy familiar. Hasta que observas que tiene que ver algo contigo y tu vida.

Hacía algunas imagenes durante el Foro Mundial Alternativo de los Pueblos en Movimiento, en la Ciudad de México cuando ví a dos participantes filipinos que realizaban un mural sobre un lienzo y me acerqué a tomar algunas imagenes. Algo llamó mi atención.

Ésta es la imagen original. Me mostraron el lugar de donde se inspiraron: era un boletín de una organización de derechos humanos en México que consignaba el crédito de una pagina web chilena, que a su vez la habría tomado de un viejo album en Flickr.. ¿¿¿???

Claro está, si no había hecho otra parada previa en otro lugar.

Y si, era la misma imagen. Aunque no soy el primero que hace ese encuadre, yo mismo alguna vez lo ví en algún otro lugar (y muchos otros lo han hecho antes). No pude sino sentir una sorpresa muy agradable.

Pero no era la primera vez que sucedía.
Ya antes había encontrado en Tláhuac, en la Ciudad de México, una alegre referencia similar.

Aún antes, alguna vez encontré que en Oaxaca se pintaron bardas con esténciles basados en una vieja imagen. Solo que de ello no quedó registro. Me parece un buen uso de las imagenes cuando salen a las calles, se convierten en ideas y demandas, cuando se vuelven documentos sociales, sin embargo, (y ojo, no es lo mesmo) muchos medios comerciales de comunicación encontraron en esta forma una minita de oro bajo la fórmula: internet=fotos gratis. Y en México ejemplos sobran.

Es cuando uno valora que dejar imagenes en la red es prácticamente regalarlas a todos, a nadie. Y que hay muchos lobos que se adjudican trabajo ajeno… ni modo. Decidí hace tiempo no cerrar el álbum en Flickr, pero tampoco subir más imagenes (de algo tiene que comer uno y los equipos y costes no caen del cielo). Lo que está allí es contenido libre (lo que no quita la mínima y cortés solicitud de colocar el crédito si se usa).

Es el dominio público, stupid!