Nunca antes había sido tan claro que desde el fondo de los tiempos, los pueblos y comunidades, la gente común (con una gran complejidad de orígenes e historias), siguen ahí y los sucesivos sistemas “dominantes” están más y más desesperados por controlarlos. Es gente que guarda sus ancestrales semillas nativas (ejerciendo su custodia e intercambio). Que en su sentido más amplio cultiva alimentos para su propia comunidad y en gran medida para el mundo. Que vive en resistencia reivindicando, cada vez más, autonomía y autogobierno. Hablamos de comunidades que desde siempre han puesto su vida entera al servicio del mundo ejerciendo un cuidado y un equilibrio entre plantas, animales, la lluvia, los torrentes y fuentes de agua que alimentan el monte, entre los “seres naturales y espirituales” y que cultivan también la memoria y presencia de nuestros vivos y de nuestros muertos.

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