Jesús, el santo de los pobres o… de los narcos

Culto a Jesús Malverde en la Ciudad de México (Foto: Prometeo Lucero)
Culto a Jesús Malverde en la Ciudad de México

Desde la vitrina del altar, las figuras inertes de La Santa Muerte y Jesús Malverde parecen dos vigías de la esquina en que se encuentran las calles Doctor Vértiz y Doctor Liceaga, en la colonia Doctores, tres kilómetros al suroeste del Zócalo de la Ciudad de México. Da la impresión de que no se les escapa detalle alguno sobre quién, qué, cómo y cuándo pasa. Cómo un asaltante cayó muerto a balazos muy cerca de esta esquina, durante un tiroteo entre policías y delincuentes a plena luz de día, el 6 de mayo de 2015, por ejemplo. Su fama no es gratuita. Aunque no se puede generalizar en relación con las actividades de sus habitantes, la colonia Doctores es conocida por su alta incidencia en asaltos y tráfico de drogas. De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal (SSPDF), junto con las colonias Centro y Guerrero (todas dentro de la Delegación Cuauhtémoc), es una de las zonas de mayor índice delictivo en la gran metrópoli.

Para los seguidores del “santo” no hay espacios prohibidos, su imagen incluso se muestra en sus celulares.  

Quizá por eso ahí no pasó inadvertido el día en que Joaquín Guzmán Loera,El Chapo, escapó del penal federal del Altiplano en julio de 2015. El Malverde de la vitrina cambió el ajuar. Dejó la camisa blanca norteña, sus impecables pantalones, botas, cinturón y chaqueta de piel y el sombrero sinaloense. Ese día comenzó a usar una playera con el rostro rapado delChapo bajo la leyenda “SE BUSCA/ RECOMPENSA” y una gorra de béisbol con una hoja de mariguana impresa al frente. 

Después de su recaptura, a principios de enero, ahora dentro de la capilla de la Doctores, Malverde usa una nueva playera —también con el rostro del capo — y otros símbolos actuales de este capítulo del narcotráfico en México, entre éstos, un teléfono inteligente y varias siluetas de helicópteros. 

La fama de Malverde no sólo alcanza espacio en las capillas que se le han construido en la ciudad, o en Sinaloa. También aparece en figurillas afuera de la iglesia de San Hipólito, entre los San Judas y San Charbel, en cervezas, gorras, fondos de pantalla o incluso, en un bar kistch de la colonia Condesa. 

Controversia de culto  

Jesús Malverde es un personaje controversial aunque inevitable. A pesar de que muchas personas asocian su nombre con la delincuencia, al menos tres grandes altares están dedicados exclusivamente a su culto: el más conocido, en Culiacán, Sinaloa; otro más en Cali, Colombia, y uno más en Los Ángeles, California (EU). Aunque estos espacios atraen a muchos seguidores, particularmente cada 3 de mayo, cuando lo celebran, hay capillas más modestas esparcidas en la Ciudad de México. Una estuvo alguna vez en la colonia Morelos y a la que ahora nos referimos, en la Colonia Doctores.

La vestimenta y accesorios alusivos al “Chapo”  son variados.

Alicia Pulido y su hija Lizauri son responsables de esta capilla. Alicia conoció a Malverde por una tragedia, cuando su hijo Marcos sufrió un accidente vehicular en 2006. 

Antes del suceso, Alicia había ido a comprar mercancía de la Santa Muerte al Mercado de Sonora (ya era fiel creyente de la Santísima). Sintió curiosidad sobre una figura de Malverde y le preguntó al vendedor quién era y compró la figura pero la dejó olvidada en la camioneta varios días. Cuando Marcos chocó y le avisaron que su hijo estaba seriamente herido, la figura seguía en el vehículo. 

“(Marcos) le dijo a Malverde que le pondría un altar”, tras haber sobrevivido, cuenta Alicia. Tras su recuperación, lo hicieron. “Le pedimos permiso a nuestra Señora (La Santa Muerte) para que lo invitara al altar, empezamos a hacer rosarios y comenzó a venir gente de todas partes”. Alicia pensó primero en hacerle un pequeño nicho, pero ahora ambos comparten lugar tras la vitrina. 

¿El primer narco? 

Los días tercero y decimoséptimo de cada mes, ambas mujeres limpian la capilla de Malverde. Los días 1 y 15 hacen lo mismo por la Santa Muerte. Algunas veces los sacan a pasear en una pequeña plataforma con ruedas por las calles de la colonia y difunden “su palabra”. A veces Malverde usa una corona. Otras, una gorra. 

Los días de misa, barren las cenizas y basura del piso. Alicia y Lizauri limpian las ventanas y los estantes donde tienen figuras de resina y otros productos en venta. 

Manzanas, rosas y arreglos florales llegan en ofrenda a los pies del altar. Dentro de la capilla, otras dos Santas Muertes (cinco en total) son acomodadas en un espacio de dos pisos. El lugar huele a vainilla, tabaco y hierbas aromáticas. A la entrada del altar, en el techo se ve una retícula con dólares impresos. 

Después de la limpieza, Alicia coloca un anafre en la calle, le coloca carbón y lo enciende. Coloca carne de cerdo, chorizo, chile y tortillas, una olla de frijoles, mole y chicharrón. La música norteña retumba en grandes altavoces. Parece más una fiesta que una misa. Toda la comida debe estar lista antes de las 8:00 de la noche, cuando comienza el ritual. Algunas personas pasan de largo por la calle. Otras se acercan con curiosidad. Pocos se quedan. 

Alicia baila, ríe y grita escandalosamente mientras hace la comida, pero durante la misa, encarna en una predicadora seria. Calla a la gente que cuchichea mientras se reza el rosario. Toma una libreta y en el micrófono se escucha antes de cada Misterio: 

“Jesús Malverde / escúchanos / y aumenta nuestra fe”. 

La mayor parte de este rosario es muy similar al católico. La gente repite y lee oraciones como el Credo, el padrenuestro y otras más. 

Unas 50 personas se han reunido en la capilla de Malverde. Un grupo de jóvenes llega en un auto de lujo con tenis blancos, nuevos, y dos esculturas de Malverde. A pie, otro pequeño grupo de adolescentes, muy delgados, beben alcohol e inhalan solvente. Alicia los conoce y no le gusta su presencia. Dice que “es irrespetuoso para Malverde”. Otro hombre usa una playera con un Malverde impreso al frente: “Me costó mil 200 pesos y me la trajeron de California”, presume con cerveza en mano. 

Después de la misa algunas personas se quedan y se forman para hablar en privado con Malverde. Encienden velas, dejan un cigarro puro o flores. Creen que dejarle manzanas ayuda a tener comida en casa; encender velas es para una petición especial y dejar rosas es una manda. Vidal, un traficante de Hidalgo enciende silenciosamente una vela. Vino a pedir por su familia. Cree que Malverde fue el primer narco. “Éste es el narco de narcos”, afirma con seguridad. 

Otros se reúnen para comer tacos y beber. Tequila, cerveza y refresco, se comparten en la mesa. En los altavoces, Pedro Infante canta Las Mañanitas. Y algunos conversan sobre algún familiar en prisión. 

“No puedo decir si son ricos o pobres porque aquí tratamos a todos por igual”, dice Alicia sobre los creyentes de Malverde. De hecho, prefiere evitar preguntar qué hacen para vivir, a qué se dedican.  

Lizauri, la hija de Alicia, sa be que ni Malverde ni la Santa Muerte son bien vistos por creyentes católicos en el vecindario. “Algunas veces roban sus cosas del altar. Nos gritan groserías, nos echan comida y basura o rompen las ventanas para vaciar la caja de dinero. Algunas personas no creen pero deberían respetar”. 

Armando, de 26 años, deja una pintura de Malverde a los pies de la figura de tamaño humano en la capilla. Se arrodilla y reza. Estuvo en prisión por cargos relacionados con las drogas y “gracias a Malverde”, dice, su sentencia de 13 años se redujo. Ahora vive en la Ciudad de México y trabaja en la compraventa de autos y como actor de reparto en telenovelas colombianas. Usa un collar dorado, y una gorra donde se lee impreso “Malverde” y “Sinaloa”, en cada lado. 

“Soy de Badirahuato, Sinaloa, y vivo en la Ciudad de México. Él llegó a mí por una bendición que no se compara con nada. Mis abuelos me dijeron ‘ven aquí, vamos a rezar’. Toda mi familia cree en Malverde”. 

Armando no vio a Malverde en dos meses. Como manda, le trajo un cuadro de un metro de altura desde Badirahuato. En él, Malverde está retratado junto con la virgen María. “Él es mi bendición, mi mano derecha, camino con él. Hasta que muera. En mi pueblo, como decimos, en el rancho, gente famosa, pesada, o gente humilde va a pedirle. Jesús Malverde no es sólo sobre narcos, hay gente muy común que pide por salud, por sus hijos, como yo”. 

“Aquí viene todo tipo de gente. Algunos mejor vestidos que otros. Pero aquí, todos son iguales. Vienen a visitar al santo, no a ver por lo económico…”
Alicia Pulido, cuidadora de capilla de culto a Malverde

El ritual de “misa” para el culto a Malverde incluye rosario, música y comida.

Legado de “bandidos beneficentes 

Aunque no existe prueba documental o física de la existencia real de Malverde, la tradición oral habla de esta historia: Jesús Juárez Mazo, posiblemente nacido en 1870, era un ladrón que daba parte de su botín que robaba a iglesias y haciendas a la gente pobre. La leyenda dice que robaba cubierto por hojas de plátano, por lo que se ganó el mote de Mal Verde. Una vez capturado, el 3 de mayo de 1909, fue ejecutado y colgado de un árbol, pero la cuerda se rompió y su cuerpo cayó.

Los días 1 y 15 de cada mes, por las noches, se realiza la “misa” a Malverde en la capilla creada para él en la colonia Doctores.

Las autoridades habrían prohibido su entierro para dejar claro un escarmiento. Pero se dice que los pobladores locales colocaron piedras sobre su cadáver como especie de tumba. No rompían la ley si ponían una piedra a la vez. Con los años, la gente comenzó a hablar de los milagros de Malverde, como curar enfermos o ayudar a migrantes a cruzar ilegalmente la frontera México-Estados Unidos. 

Su figura comparte rasgos de las fantasías populares del “bandido beneficente”, transmitido por tradición oral. En Europa, Guino di Tacco, héroe proscrito italiano o el arquero inglés Robin Hood, ambos leyenda del siglo XIII. También están las historias de los haiduk en Los Balcanes, de los siglos XVII al XIX. Y en otras latitudes y tiempos más recientes: el brasileño Virguilo Ferreira da Silva, “Lampião”, del grupo de bandidos Canganceiros e Isidro Velázquez, “El último sapukay”, ladrón rural argentino fusilado sin juicio en 1967. 

Todos eran ladrones, algunos con causa social o política con algo en común: robar a la gente rica para dar parte del botín a los pobres a cambio de protección. También perseguidos hasta su muerte, cuando se les reconoció como “héroes” póstumos. 

Pero Jesús Malverde es el único ladrón considerado religiosamente como “santo”, al menos en México. De ahí su mote original, “el Santo de los Pobres”. Y aunque no lo era en un inicio hoy el imaginario relaciona el culto hacie él con el narcotráfico. Comenzó en 1970 cuando el traficante Raymundo Escalante pidió ayuda a Malverde, porque su padre, Julio Escalante, ordenó su ejecución. Herido de bala y a punto de morir, Raymundo Escalante fue rescatado por un pescador. Desde entonces, capos como Amado Carrillo, alias “El Señor de los Cielos”, y en entre narcotraficantes se fue adquiriendo el culto. 

La iglesia católica se ha negado a reconocerlo como santo porque no reconocen virtudes en la vida de Jesús Malverde. Aún así, algunos de sus devotos (y de la Santa Muerte) participan en actos católicos, pues a su vez, también pueden creer en otros santos, como San Judas Tadeo, “el Santo de las Causas Perdidas”.  

En diversos estantes, la capilla a Malverde, mantiene figuras de resina y otros productos en venta.

“Quizá el último día…” 

La artista e investigadora Cecilia Aguilar Castillo, de la Universidad Iberoamericana, piensa que hay un quiebre en los símbolos religiosos en el imaginario popular, quizá porque la gente se siente juzgada por una religión (la católica) que les castiga todo el tiempo. “La Iglesia Católica ya no le da respuestas a la gente (…) Hay un resentimiento cultural hacia la parte religiosa fuera de nuestro alcance, entonces, nuestro pensamiento colonial, de gente subyugada, es disputado”. 

Para Aguilar, los creyentes identifican mejor en la Santa Muerte los símbolos de su vida diaria, tales como la violencia o la misma muerte. “Y Malverde parece ser más cercano a nosotros que Jesucristo. Nosotros lo vemos desde una zona de confort, pero ellos luchan todos los días con una angustia permanente por la supervivencia diaria. Son más coherentes cuando ven la muerte en la cara. Quizá es el último día para vivir”. 

Alicia Pulido, responsable de la capilla a Malverde en la colonia Doctores, prefiere creer en la referencia mítica de Malverde. Y pide a la gente que se acerque. “No se confundan por lo que dice la gente, que es el santo de los narcos. En aquel tiempo (1909 durante la supuesta vida de Malverde) no había narcos y las cosas no eran como el México de hoy. Él era un Robin Hood: robaba a los ricos para darle a los pobres. Era un ratero, que daba a los pobres. La Leyenda dice que él nunca se quedó con nada para sí mismo. No vivía en la riqueza o en la abundancia. Él la distribuía”. 

EPILOGO: Últimos días de enero, 2016. De nuevo, la alcancía fue robada. Otra vez, la vitrina quedo rota. 

 

-> Historia y fotografías en Revista Domingo | Malverde se viste de Chapo