La Ciudad de México, ahora una entidad que tendrá su propia constitución, crece de manera desenfrenada: cada día nuevas casas, edificios, rutas de transporte y centros comerciales. Al mismo tiempo, aumentan sus carencias: reducción de los mantos acuíferos, falta de servicios públicos –escuelas, alumbrado, servicios médicos y drenaje–, destrucción de zonas naturales y escasas fuentes de empleo.

Sin embargo, en la periferia sureste de la ciudad, en donde alguna vez los lagos dominaron el paisaje, el tiempo pasa sin la prisa del entorno urbano. La vida cotidiana transcurre entre tradiciones, el trabajo en el campo y una constante preocupación por el futuro de la zona. En esta región se produce gran parte del maíz, el frijol, el nopal y las hortalizas que se consumen en la gran ciudad, y es un territorio donde prevalece la vida comunitaria, las asambleas e incluso lenguas originarias como el náhuatl, el otomí y el mixteco.

-> Ciudad Rural | publicado en Revista Cambio | Texto / fotos: Prometeo Lucero