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¿cuántos son muchos?

Corría el 13 de febrero de 2009 cuando Raúl Lucas Lucía y Manuel Ponce, indígenas na´savi miembros de la Organización para el Futuro del Pueblo Mixteco fueron golpeados y capturados por hombres armados, a plena luz del día, frente a autoridades municipales de Ayutla, Guerrero. A pesar del llamamiento urgente para dar con su paradero, sus cuerpos fueron hallados días más tarde con huellas de tortura, enterrados y ejecutados. Las autoridades locales no hicieron un esfuerzo para localizarlos. Todo lo contrario.

Casos como el de los defensores indígenas son ilustrativos de la desaparición forzada, delito de lesa humanidad (tipificado hasta 1983 por la OEA) que han registrado organismos en el Informe sobre la desaparición forzada 2011, documento que presentaron ante el Grupo de Trabajo sobre Desapariciones Forzadas o Involuntarias de la ONU.

Con casos desde 1977 (con el de Rosendo Radilla, también en Guerrero como el más ejemplar en México) 3 mil personas habrían sido desaparecidas entre 2006 y 2010. Además 30 de esos casos serían de defensores en el periodo de 2005 a 2011, reporta Víctor Ballinas en La Jornada. ¿Cuántos son muchos?.

Dos años atrás intentaba recalcar una diferencia entre desaparición forzada y secuestro:

“La desaparición forzada, llevada a cabo por fuerzas del Estado, regulares (policía, Ejército) o por grupos irregulares (paramilitares) no es en sí un simple secuestro.

“Lleva otro tipo de connotación, pues de entrada, no exige el intercambio de un bien -económico o material- a cambio de la liberación de la víctima, sino va más allá al infundir terror entre sus relaciones cercanas, desde la familia y los vecinos hasta los entornos políticos donde milite hasta aniquilarlos anímica y emocionalmente.”

Hoy nos seguimos equivocando si equiparamos la desaparición forzada con el secuestro y el “levantón”, propios de otras lecturas completamente de distintos contextos, y no menos graves por cierto.

Más información:

- Informe sobre la desaparición forzada en México 2011
- ¡Hasta Encontrarlos!
- Los desaparecidos. Lydiette Carrión.
- La lista de la guerra sucia… historias de la ignominia. David Espino

Yeimi Victoria Castro

Yeimi soñaba con la más anhelada de sus fiestas. Abrazaba sueños rosas y no había nada de malo en ello: así es la vida cuando se espera cumplir quince años. Vivía con sus abuelos en el caserío Las Peñitas del cantón El Rebalse, en el municipio Pasaquina, La Unión, El Salvador, un pueblo con un parque central de céspedes geométricos y una parroquia color crema. La vida tenía las complicaciones de siempre –dinero que no alcanza, familias divididas, madres y padres que cruzan la frontera para forjar a sus hijos un futuro a distancia– pero en general es apacible. En las vacaciones todo transcurría entre escapadas a la playa y atardeceres en las faldas del volcán Conchagua. Los abuelos Cayetano y Victoria se hacían cargo de todo con los dólares que la madre de Yeimi enviaba desde Nueva York. El día que cumplió quince años se veía linda en su vestido rosa con remates en azul. En la mesa de la casa había un pastel y un álbum para fotos con encajes rosados. Después de aquella fiesta Yeimi siguió soñando. Soñaba con príncipes y con frecuencia los tenía cerca de su puerta: la rondaba un muchacho nicaragüense que derretía por ella. También deseaba estar con su madre. La extrañaba. Su madre tenía planes para ella: estudiaría en una escuela de Nueva York, después trabajaría y tal vez algún día se casaría. No fue una partida complicada. En el pueblo además de un parque, un volcán y playas, también hay coyotes que se anuncian con rótulos fuera de las casas. El 10 de agosto Yeimi salió para los Estados Unidos. Vestía una camisa azul celeste y blue jeans. El coyote recibió tres mil dólares por adelantado de siete mil en los que consistió el trato. Los abuelos le dieron su bendición. Les habló por teléfono dos veces para decirles que se encontraba en Guatemala y que todo estaba bien. No volvieron a saber de ella. Unos días después todos sus sueños se disiparon, ahuyentados por unos monstruos, como sucede en los cuentos. En uno de los bolsillos llevaba su acta de nacimiento: el boleto de entrada a una ciudad que no conocía y en la que continuaría soñando. La historia de Yeimi no tendría que haber terminado así.

Autor: Wilbert Torre. Foto: Prometeo Lucero.


72migrantes.com

Migrante aún no identificada

De la víctima sobre la cual me ha tocado escribir no sé nada. No sé su nombre, su edad, de dónde venía, si era joven o viejo, niño o mujer. Sólo sé que su cuerpo fue hallado al lado de 71 cuerpos más en un rancho miserable al norte de Tamaulipas, que era seguramente centroamericano, y que es uno de los miles de migrantes que habrá encontrado la muerte al cruzar por este país. Me duele y me avergüenza su muerte hasta lo indecible, y como se le doblan las rodillas a mis palabras para hablar de esto, quisiera simplemente dedicarle esta canción que desde que me hacía llorar de niña, en las tierras lejanas de Estados Unidos, me ha gustado mucho:

¡Que lejos estoy del suelo donde he nacido! Inmensa nostalgia invade mi pensamiento. Y al ver me tan solo y triste cual hoja al viento, Quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento.

Lo siento mucho.

Autor: Patricia Guerrero. Foto: Prometeo Lucero.

72migrantes.com

Ayutla

Ayutla, ubicado en la Costa Chica de Guerrero, es un complejo lugar donde persiste la discriminación, el abuso y vestigios de la guerra sucia contra el tejido comunitario indígena. Están documentados numerosos casos de violaciones a sus derechos humanos en un contexto de militarización y violencia política, desde hostigamiento, persecución y encarcelamiento hasta homicidio y violación contra mujeres.

Primer lugar en el Segundo Concurso Nacional de Fotografía sobre Derechos Humanos

Tláhuac

Al oriente de la Ciudad de México, campesinos opositores a las obras de la Línea 12 del metro afirman que en los subsuelos se encuentran los mantos acuíferos más importantes para el Valle de México así como vastas zonas arqueológicas sin explorar, donde se presume podría haber vestigios previos a la era mexica.
Desde el inicio de las obras, los pueblos originarios de Tláhuac, algunos hablantes de náhuatl, se apartaron entre los temores colectivos de perder sus raíces y la euforia por las promesas de modernidad. La delegación, dividida en 7 pueblos, es uno de los mayores proveedores de agua y alimentos agrícolas a la ciudad, como maíz, frijol, nopal y hortalizas.
Los principales pueblos afectados son Santiago Zapotitlán, San Francisco Tlaltenco, Santa Catarina Yecahuizotl y San Pedro Tláhuac.

Imagen ganadora del primer lugar en el concurso Miradas Revolucionarias, de la UACM

El reportaje completo se encuentra por aquí.