De la víctima sobre la cual me ha tocado escribir no sé nada. No sé su nombre, su edad, de dónde venía, si era joven o viejo, niño o mujer. Sólo sé que su cuerpo fue hallado al lado de 71 cuerpos más en un rancho miserable al norte de Tamaulipas, que era seguramente centroamericano, y que es uno de los miles de migrantes que habrá encontrado la muerte al cruzar por este país. Me duele y me avergüenza su muerte hasta lo indecible, y como se le doblan las rodillas a mis palabras para hablar de esto, quisiera simplemente dedicarle esta canción que desde que me hacía llorar de niña, en las tierras lejanas de Estados Unidos, me ha gustado mucho:

¡Que lejos estoy del suelo donde he nacido! Inmensa nostalgia invade mi pensamiento. Y al ver me tan solo y triste cual hoja al viento, Quisiera llorar, quisiera morir de sentimiento.

Lo siento mucho.

Autor: Patricia Guerrero. Foto: Prometeo Lucero.

72migrantes.com

Como mexicanos, nos llena de rabia y de vergüenza la reciente masacre de 72 migrantes en un apartado rancho del estado de Tamaulipas. Al igual que millones de compatriotas nuestros, estos migrantes se alejaron un día de su familia, de sus costumbres, del paisaje que les era familiar y entrañable. Se fueron buscando el norte, porque su país—su gobierno—fue incapaz de cumplir mínimamente sus responsabilidades para con ellos, pero se fueron también porque eran optimistas. Aun sabiendo los riesgos que corrían —porque el mundo entero sabe ya los riesgos que corre un viajero pobre en México— creyeron que superarían todos los obstáculos. Soñaron, como tantos mexicanos han soñado también, que un día regresarían a casa prósperos y dignos, capaces de proteger, ellos sí, a sus familias. Se imaginaron orgullosos, viendo como en su pueblo los contemplaban con admiración. Cayeron en una masacre. No nos gusta imaginar las horas de pánico que vivieron, su terror e impotencia, sus imploraciones y el arrepentimiento por haberse alejado de su hogar.

Fueron, en este caso, 72 los muertos, pero sabemos que son cientos, si no es que miles, los latinoamericanos que a su paso por México han encontrado la muerte a manos de las tribus de psicópatas que hoy rondan el país. Sabemos que son tal vez cientos de miles ya los migrantes asaltados, vejados, violados, mutilados. Este altar, que pretende ser un acto de desagravio y de reclamo, se erige en honor de los 72 migrantes que murieron un negro día de agosto de 2010, y en honor de todos los que han caído sin que sepamos ni siquiera que alguna vez pasaron, soñando, por este México.

Muchos de los que colaboramos en este sitio somos también mexicanos migrantes o hijos de migrantes. De hecho, todos somos descendientes de migrantes, pues los que fundaron Tenochtitlan venían de Aztlán, y fueron los mayas los que pusieron piedra sobre piedra en Xochicalco. Es nuestra esperanza que tú también, visitante, migrante por este sitio virtual, colabores con tu presencia en este altar. Puedes hacerlo abriendo la pestaña que te permitirá dejar constancia de tu visita colocando una rosa virtual. En otra pestaña, si lo deseas, puedes hacer una donación a una cuenta bancaria. La semana del 2 de noviembre lo recolectado se entregará a dos centros de atención a migrantes, uno en el norte y otro en el sur del país.

Gracias, y buen camino.

72 migrantes.


Autor original: 72migrantes.com