Es un sábado cualquiera alrededor de las aguas del Canal Nacional, al sureste de la Ciudad de México. Las personas pasean tranquilamente. Algunas pescan desde un puente peatonal, otras toman fotografías y hay quienes se sientan a disfrutar un picnic. Se respira calma en el lugar.

Pero no siempre fue así: hace años, era un vertedero de basura. Incluso, era recurrente que en la nota roja de la prensa citadina destacaran los hallazgos de gallinas destazadas en ritos de santería. Para lograr este cambio, dos historias lideradas por jóvenes confluyeron hacia un mismo fin: recuperar las aguas vivas de la gran ciudad.

En el Canal Nacional, entre Calzada de la Virgen y Río Churubusco, viven especies de fauna de humedal, como el pato doméstico, el pato mexicano (de menor tamaño y con un plumaje café con líneas blancas) y algunos insectos, también hay tortugas que conviven con tres especies invasoras: las ardillas, la carpa y la tilapia. Continue reading

Alejandro Cerezo Contreras es uno de los fundadores de la organización Acción Urgente para Defensores de Derechos Humanos (ACUDDEH); además, es experto en temas de seguridad cibernética. Él explica que dicho software es sólo un complemento de los sistemas de vigilancia ya existentes. Con estos, instituciones como la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) o empresas privadas proveedoras de servicios –de telefonía e Internet, por ejemplo– podrían rastrear y entregar datos personales de cualquiera, en supuestas operaciones contra la delincuencia.

ACUDDEH comenzó a documentar algunos antecedentes de esto hace ya seis años. Sin especificar detalles sobre lugares, fechas y personas, Cerezo Contreras explica que, al inicio, algunas conversaciones fueron grabadas y se las pasaron, enteras, mediante el buzón de voz.

Más adelante, llegaron más grabaciones, pero editadas. Hubo después intervenciones en computadoras. Algunos usuarios veían cómo su cursor se movía, se abrían carpetas o “desaparecían” archivos sin haber realizado acción alguna. Más tarde, les reportaron el robo de cuentas de Facebook y Twitter, en las que se hacían publicaciones comprometedoras y los usuarios finalmente perdían el control de sus cuentas.

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A una calle de la Vía Internacional, donde el muro fronterizo divide a México de los Estados Unidos un albergue pequeño recibe a homeless (personas sin techo) y migrantes deportados. La Casa del Deportado Sagrado Corazón de Jesús destaca en la desolada calle Sánchez Ayala por un letrero y un mural. A unos pasos, se encuentra la calle Coahuila, uno de los puntos más sórdidos de Tijuana conocido por el comercio y explotación sexual. Las prohibiciones en San Diego son las oportunidades de este lado mexicano.

Perla Hernández es originaria de Jalisco y emigró desde 1990 a Mexicali, luego a Rosarito y luego a Tijuana, donde trabaja haciendo chequeos de presión. Estudió enfermería y trabajó en un establo, lavando platos y como enfermera. Alquiló una casa en este lugar donde recibe a los deportados desde 2010. Ella prefiere ser conocida como Perla del Mar.

Cuenta que en sus inicios, era buscada para contactar con coyotes (traficantes de personas), a lo que se negaba. De alguna manera logró mantenerse al margen. En estas calles abundan coyotes, pues es aquí donde llegan los deportados o los migrantes que buscan probar suerte. Desde 2012, abrió sus puertas a homeless (personas sin techo) y personas deportadas de los Estados Unidos.

Perla Hernández, directora de la Casa del Deportado
Perla Hernández, directora de la Casa del Deportado

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Un funcionario canadiense declaró ante medios “Amamos a nuestros amigos mexicanos, pero nuestros intereses nacionales están primero y la amistad viene después“, al hablar sobre la renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

Aunque Justin Trudeau, primer ministro canadiense no sea el responsable directo de las acciones de la minería fuera de territorio canadiense, no es ajeno a estas prácticas destructivas.

Unas 180 organizaciones escribieron al gobierno canadiense en abril de 2016 para que fijara una postura.  Desde antes, ya han relatado hasta instancias internacionales como la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos los abusos contra la población, la economía y el medio ambiente.

Contaminación del agua en los alrededores de la mina La Platosa. Ejido La Sierrita, Durango
Contaminación del agua en los alrededores de la mina La Platosa. Ejido La Sierrita, Durango

El Consejo de Asuntos Hemisféricos (COHA por sus siglas en inglés) dio a conocer en 2014 que las compañías de minería a larga escala de origen canadiense tienen del 50 al 70% de sus proyectos en América Latina.
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Muro fronterizo México EEUU
Muro de Tijuana, BC. Foto: Prometeo Lucero

 

“De este lado también hay sueños”, se lee en una barrera metálica que divide Tijuana, Baja California, de San Diego, California.

El mensaje, pintado en 2012, cobró mayor relevancia cuando Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2017 con un discurso de odio racial antiinmigrante y la promesa de un muro (otro, aún más grande).

El propósito de pintar ese mensaje era “valorarnos a nosotros mismos”, cuenta Armando Alanís Pulido, fundador de Acción Poética en Monterrey. Por eso, desde ese punto de vista, “aquí comienza Latinoamérica”, dice.

A lo largo de la colonia donde se colocó el muro de planchas metálicas rojas hay varias casas de bajos recursos. En algunas de ellas hay antenas parabólicas, pero no más. Son las últimas casas en territorio latinoamericano que ven hacia el norte. En el suelo incluso hay jeringas de consumo de heroína, herencia de la adicción y las deportaciones.

Quizás, como una forma para mostrar desprecio, esa misma colonia lanza su basura a terreno estadounidense, justo donde se encuentra la segunda capa de muro, construída durante la administración de Bill Clinton.

Parece sencillo cruzar la barrera roja metálica, la primera capa. Puede romperse, brincarse o escarbar en el suelo arenoso. De hecho hay muchos fragmentos rotos, derrumbados o inexistentes por la geografía montañosa. Sin embargo, a partir de ese cruce empieza la dificultad real: postes con cámaras térmicas, sensores de movimiento, grandes barreras metálicas blancas y pistas bien asfaltadas donde, con precisión, cada cinco minutos pasa un vehículo de la patrulla fronteriza, y a lo largo del día varios helicópteros sobrevuelan la línea.

Pintar la barda fue algo improvisado. La idea salió en el momento: “¿Qué tal si intervenimos el muro”, dijo Armando. Colocaron una escalera, sacaron botes de pintura, brochas y comenzaron a pintar sobre las planchas metálicas oxidadas.

“A los cinco minutos había helicópteros y Border Patrol (patrulla fronteriza estadounidense)”. Aunque no hubo contacto, la amenaza visual era imponente. Además, recuerda con ironía: “Ese día vencía mi visa”.

Acción Poética es un movimiento que nació hace 20 años, cuyo impacto ha desbordado varios países de habla hispana. Se trata de colocar mensajes poéticos en las paredes de barrios y ciudades bajo ciertos criterios: fondo blanco, letras negras, todo en mayúscula, no más de 10 palabras en dos renglones.

Acción Poética no toma bando por partidos políticos o religión, explica Armando, pero sí difunde un mensaje amoroso.

Incluso ha llegado a escribirse en lenguas nativas indígenas o hasta en Braille con corcholatas y taparroscas en Argentina. “Este movimiento se desbordó”.

La intervención en Tijuana inició en 2012 y ha recibido mantenimiento durante dos ocasiones. En 2016 fueron realizadas otras más. Alanís busca un nacionalismo más allá de las redes sociales. “No son nada agradables los muros, son provocadores”.

Cerca del lugar, hay otra intervención con el mensaje “Estoy al límite”, junto al poste de límites internacionales. Desde el muro, hacia el norte comienza Estados Unidos. Mirando al sur, desde ese mismo muro, comienza Latinoamérica.

-> Publicado en Revista Cambio | Febrero 2017


La Ciudad de México, ahora una entidad que tendrá su propia constitución, crece de manera desenfrenada: cada día nuevas casas, edificios, rutas de transporte y centros comerciales. Al mismo tiempo, aumentan sus carencias: reducción de los mantos acuíferos, falta de servicios públicos –escuelas, alumbrado, servicios médicos y drenaje–, destrucción de zonas naturales y escasas fuentes de empleo.

Sin embargo, en la periferia sureste de la ciudad, en donde alguna vez los lagos dominaron el paisaje, el tiempo pasa sin la prisa del entorno urbano. La vida cotidiana transcurre entre tradiciones, el trabajo en el campo y una constante preocupación por el futuro de la zona. En esta región se produce gran parte del maíz, el frijol, el nopal y las hortalizas que se consumen en la gran ciudad, y es un territorio donde prevalece la vida comunitaria, las asambleas e incluso lenguas originarias como el náhuatl, el otomí y el mixteco.

-> Ciudad Rural | publicado en Revista Cambio | Texto / fotos: Prometeo Lucero