El límite en la postproducción: ¿hasta dónde photoshopear?

Es laxo el límite en el fotoperiodismo para la postproducción de imagenes. La cuestión parece muy obvia pero los debates siguen encendiendo pasiones: algunos puntos de vista más ‘tradicionales’, otros más ‘vanguardistas’ (por poner unas etiquetas). En otras palabras, ¿hasta dónde nos permitimos photoshopear las imagenes? ¿Puede alguien lanzar la piedra y decir que no utiliza herramientas de retoque y edición?

¿Debemos clavarnos en la credibilidad de la fotografía (con los evidentes montajes publicitarios/propagandísticos existentes desde la propia existencia de la fotografía y aún antes) o en la veracidad del fotógrafo?

Y es que la búsqueda de popularidad, fama o que simplemente sea publicado un trabajo nos ha llevado a excesos. O el deseo de llegar a concursar para el World Press Photo llegó a polémicas hasta solicitar a los concursantes los archivos originales al percatarse de evidentes manipulaciones y ha alcanzado francas descalificaciones como la recibida por Stepan Rudik, ésta última discutida por los criterios aplicados.

Me gustaría compartir algunos apuntes durante el taller impartido en la Ciudad de México por Emilio Morenatti (AP). Más de una veintena de reporteros gráficos compartimos un problema común en nuestro trabajo: no sabemos cómo editarnos a nosotros mismos.

Observa Morenatti:

  • La fotografía debe ser clara y no funciona si hay mensaje oculto.
  • La edición nos llevará de tener 1500 imagenes a 15. Es importante poner atención en qué tan efectiva es la imagen, si no está repitiendo situaciones o escenarios en una serie.
  • Recuperar la credibilidad perdida es algo muy difícil.
  • Hay que ser militantes y serios con no permitir la creación de montajes (forzar situaciones, hacer que alguien llore, etc). Es importante la presencia invisible del fotógrafo. Sin embargo en caso que una imagen sea posada (por ejemplo, un retrato o un individuo que reacciona ante la cámara) hay que dejarlo bien claro en el pie de foto.
  • Hay trabajos ‘estereotipo’, que no logran madurez.
  • Es importante dar un paso atrás, permitir cierto aire (espacio) en la imagen.
  • También es importante tener cuidado con las luces altas (highlights), en lo posible evitarlas.

Darío López Mills, editor de fotografía de AP México, hizo hincapié en la falta de respeto al pie de foto. Existe toda una convención estándar internacional que ha abocado en organizar los metadatos para dar claridad a los pies de foto (La IPTC) . Hay que identificar a las personas, incluso en la foto de vida cotidiana (“Pedro Vázquez señala el lugar donde…”). No es el único editor que ha mencionado esta carencia, por cierto.

Viñeteo, más bonito

Otro de los puntos abordados fue el efecto de viñeteo (vignetting), del cual hemos abusado como un parámetro oficial en las imagenes. No en balde se bromea que el ganador de los grandes premios es Photoshop. En un ejercicio corto, y en tono chacotero, vimos lo fácil que era volver ‘interesante’ con viñeteado y saturación una imagen francamente aburrida.

El viñeteo por sí es un error de variación cromática en el lente con el diafragma abierto causante de bordes oscuros en las esquinas. Sin embargo, se volvió una tendencia de moda en la fotografía digital, fácilmente logrado con un poco de parámetros de Lightroom o Camera Raw.

A ver. Una pausa. No culpo al potente programa de nada, intento recuperar las cosas más importantes: es claro que una imagen montada o excesivamente postprocesada mas tarde o más temprano será descubierta y denunciada como mentira, propaganda o pose. El problema es más sobre ética y reconocer nuestros errores y limitaciones y especialmente, corregirlos con honestidad. Es más una cuestión de compromiso personal.

Es como si nos imaginamos erróneamente que tenerla última versión de Photoshop nos hace ‘mejores fotógrafos’ y dejamos todo a su magia… justo es eso lo que hemos de evitar (además que no es el único programa que existe).

Podemos recapitular algunas de las reglas estándar que expone la agencia Reuters para sus fotógrafos:

Lo permitido:

  • Recorte (Crop)
  • Ajuste de Niveles hasta los límites del histograma
  • Corrección menor de color (Balance de blancos)
  • Enfoque con los parámetros: cantidad/ammount: 300%; radio/ratio: 0.3; máscara/threshold: 0
  • Uso cuidadoso de la herramienta lazo
  • Uso sutil de la herramienta Sobreexponer
  • Ajuste de luces y sombras

Lo no permitido:

  • Adicciones o sustracciones a la imagen
  • Clonado o herramienta Healing (excepto para quitar polvo)
  • Pinceles, brochas, pintura
  • Enfoque selectivo
  • Aclaramiento/oscurecimiento excesivo
  • Cambio tonal excesivo
  • Niveles Automáticos
  • Desenfoque
  • Herramienta borrar
  • Máscara rápida
  • Enfoque ajustado desde la cámara
  • Estilos de saturación incrustados en la cámara

En resumen, como regla general (en casi cualquier lugar… serio):

  • No se añaden ni se quitan elementos de la imagen
  • No se excede en la iluminación o sombreado
  • No se excede la manipulación de color y se limita al balance de blancos

Brian Horton, en AP Guide to Photojournalism (McGraw Hill, 2002, 2° edición) escribe la política de esa agencia que estableció en 1990:

“Sólo las normas establecidas de métodos estándar de impresión permitidos, como sobreexposición, subexposición, corrección de tono y recorte son aceptables. El retoque está limitado a la eliminación de rayones y puntos de polvo normales. El contenido de la fotografía NUNCA* será cambiado o manipulado de ninguna manera”

* subrayado del orignal en inglés

En conclusión…

Hay una palabra que describe, a mi parecer, el procesamiento la fotografía digital: el engolosinamiento. Pero podemos decidir ponernos límites. La existencia de programas cada vez más evolucionados facilita el trabajo, aunque la aparente perfección en algunos resultados nos hace cuestionarnos sobre la credibilidad de la fotografía. Y es más duro aún cuando es el público quien se da cuenta.

Lo que queda dañado es la seriedad y la confianza. Puede uno quizá ganar un premio y tal vez engañar al público, mas no a sí mismo. Los casos que han sido expuestos por estas situaciones nos pueden servir más como ejemplo a aprender que como burla: todos nos equivocamos, pocos lo admitimos y menos lo corregimos. No puedo negar, viendo hacia atrás luego de este taller, momentos casi abusivos de la herramienta, por lo que, en consecuencia, cada vez hago menos ajustes e intento hacer la edición desde la toma, es algo con lo que me comprometo personalmente. ¿Vale la pena tirar por borda la credibilidad de un proyecto profesional por un reconocimiento o por quedar bien?

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3 Responses to “El límite en la postproducción: ¿hasta dónde photoshopear?”


  • ohhhhhhh hay tanto qué aprender, y uno con el dilema de que quiere aprender pero no sabe ni qué cámara análoga adquirir…
    saludo tu página con emoción, tu trabajo me entusiasma a seguir investigando, autodidactamente, como tú en un principio.

    un abrazo fraterno,

    a.

    PD en unas semanas, cuándo sepa un poco más te escribiré un correo para pedirte un consejo, espero no te moleste.

  • Esas normas de agencia son teóricas, muchos fotógrafos se las saltan cada dos por tres. No lo estoy criticando, al contrario me alegro de que se las salten. Precisamente citas a Morenatti, un excelente fotógrafo que aplica mucho viñeteado -bien hecho- a sus fotos.

  • De acuerdo, siempre imprimimos algo de subjetividad. Y cierto, si nos asomamos a las paginas de agencias encontraremos que, incluso desde los settings escogidos para la cámara (blanco y negro, desaturado, etc), ya estamos haciendo un salto a las normas.

    También es cierto que es diferente el viñeteo como defecto de lente (muy visible con los lentes de mayor apertura) que como efector posterior de Photoshop. Lo curioso es cómo “vuelve” interesante una imagen. En ese taller hicimos pruebas de ello. Definitivamente aplicar viñeteo posterior “mejoraba” una imagen no tan buena.

    Saludos Pedro, gracias por tu comentario.

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