Hilda Huerta García regresaba de visitar a un familiar enfermo en Michoacán. Con otros pesares encima, como las muertes recientes de dos familiares, recibió la noche del lunes la inundación en su casa en la Colonia El Sol. Uno de sus hijos la abraza, desesperado, porque no logra consolarla. La edificación está a escasos 30 metros del muro que, una y otra vez es cubierto de costales y por tercera vez en un año, se ha desbordado.

Gran parte de la colonia en un desastre, particularmente las casas aledañas a las vias del tren. Junto a una enorme barda destruida, se acumulan muebles inservibles, zapatos y montones de basura. Atraviesan grandes mangueras que mediante máquinas devuelven el agua hacia el río. La tierra adquiere un color metálico. Charcos aceitosos rojizos se acumulan entre los árboles ya muertos. Continue reading