Mucho se ha dicho en los últimos meses de los llamados dreamers (soñadores) mexicanos que vinieron a Estados Unidos de niños, hijos de padres indocumentados, y ahora hacen frente a la amenaza de ser deportados a un país que desconocen. Pero poco se habla de un grupo de deportados que podrían llamarse quizás nightmarers ( pesadilleros). Individuos como Miguel Hernández, Alex Murillo o Enrique Salas, que han sido deportados de California a Tijuana pese a haberse identificado tan estrechamente con la bandera de las barras y estrellas como para ir a jugarse la vida a Vietnam, Irak o Afganistán.

“Nosotros estamos trabajando con decenas de veteranos en Tijuana que han sido deportados por delitos que, en casi todos los casos, están relacionados con los trastornos que sufrieron en combate”, dice Roberto Vidar, que gestiona la oficina de un grupo de apoyo a veteranos de guerra deportados en la ciudad fronteriza de Tijuana en Baja California (México).

-> Publicado en La Vanguardia, 11 de marzo de 2018. Texto de Andy Robinson

TIJUANA, México.- Luz María Hernández mira inexpresivamente a través del patio sombreado, con un teléfono celular en una mano y un pañuelo empapado en la otra. Hace menos de 48 horas, Hernández, de 45 años, fue deportada a Tijuana después de 25 años como migrante indocumentada en el sur de California. Sus cinco hijos, de entre 3 y 23 años de edad, nacieron en California y ahora tienen que vivir sin su madre.

Minutos antes de ser escoltada a la frontera, los agentes de inmigración le informaron que se le prohibía ingresar a Estados Unidos durante 10 años.

Sentada tensa en una silla de patio dentro de un refugio para inmigrantes a solo un par de millas de la frontera, Hernández está aturdida, llorosa y le atormenta qué hacer a continuación.

 

Deported people´s life at Mexico border
Luz María Hernández (Prometeo Lucero)
 

-> Publicado en Univisión, 16 de diciembre de 2017 | Texto: Nina Lakhani | Esta historia, publicada originalmente en The Guardian en inglés, forma parte de un proyecto del diario anglosajón en que invitó a cuatro dreamers como editores durante tres días.

Luz María Hernández gazes blankly across the shaded courtyard, clutching a cellphone in one hand and a sodden handkerchief in the other. Less than 48 hours ago, Hernández, 45, was deported to Tijuana after 25 years as an undocumented migrant in southern California. Her five children, aged three to 23, were born in California, and they now have to live without their mother.

Minutes before being escorted to the border, US immigration agents informed her that she was banned from entering the US for 10 years.

Deported people´s life at Mexico border
Prototypes of the wall are seen on the US side of the border. In the Mexican side of Otay, the carcass of a burned vehicle lays where drug-violence has led more than a thousand dead people just in 2017. Photograph: Prometeo Lucero for the Guardian

-> Published in The Guardian | By Nina Lakhani in Tijuana, Baja California / photos: Prometeo Lucero

This piece was co-commissioned by Itzel Guille and Guardian editors for We’re Here To Stay. A series edited by Dreamers — young immigrants who arrived in the US as children, and who are now in danger of losing their right to stay here legall

Deported minors in Honduras
Suyapa Morales, 13, whose real identity remains hidden by petition, speaks during an interview in Comayagua. (Prometeo Lucero)

As wars between rival gangs continue to wreak havoc on Central America, more child and teen migrants are heading to the U.S. without their parents. According to a study released in 2014 by the United Nations High Commissioner for Refugees, 58 percent of Central American child migrants who arrived after October 2011 fled because of violence. With the growing number of migrants, the Obama administration is ramping up deportation efforts but the migrants face a life or death choice upon returning home: join a gang or die.

Some teens have stopped going out at night to avoid gangs; others refuse to walk in the streets, even with the presence of military police.

“These kids are fleeing countries of enormous violence,” says Eliza Klein, a former immigration judge in Chicago who quit her job in part because she no longer wanted to send child migrants back to Central America. “They are sometimes not safe sitting inside their own homes.”

More than 40,000 child migrants arrived in the U.S. from last October through June 2016, according to Customs and Border Protection.

Reporter Laura Castellanos and photographer Prometeo Lucero traveled to San Pedro Sula in Honduras for Newsweek Espanol to report on the plight of children and teens deported from the United States and facing gang violence back home. Their story in Spanish can be found here: De Regreso a la Casa del Diablo.

The project was a collaboration between Newsweek and the Investigative Reporting Program at the Graduate School of Journalism of the University of California, Berkeley. Steve Fisher’s story for Newsweek can be found here: Join a Gang or Die.

 

-> Newsweek: Photos: Deported migrants face fear and gang violence in Honduras 

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NW Español 20160718
NW Español 20160718

En los últimos años la oleada de emigrantes que se origina en Centroamérica ha crecido de manera alarmante, pero ya no son solo motivos económicos los que la impulsan: cientos de menores de edad emprenden el viaje hacia Estados Unidos en busca de asilo para evitar ser reclutados o asesinados por las maras. Pero pocas o nulas veces consiguen su propósito, y al ser deportados por el gobierno de ese país, deben enfrentarse al deseo de venganza de las pandillas. Este medio viajó a la ciudad de San Pedro Sula, en Honduras, para conocer de cerca el destino de estos chicos.

-> De regreso a la casa del diablo. Por Laura Castellanos / Fotos: Prometeo Lucero para Newsweek en Español

SAN PEDRO SULA, HONDURAS.—Juan Martínez (su nombre verdadero se omite por seguridad) se alista para salir de su casa la tarde del domingo. Vive en uno de los barrios más violentos de la ciudad, la segunda más peligrosa del planeta solo después de Caracas, Venezuela, en la que tienen lugar 111 homicidios por cada 100 000 habitantes, según el ranking de la organización mexicana Consejo Ciudadano para la Seguridad Pública y la Justicia Penal (CCPSJP). El adolescente, recién deportado de Estados Unidos, luce tenso. Lo acosan las pandillas de las que antes huyó. Es 17 de abril y Martínez asistirá al culto multitudinario del aniversario de El Ministerio de la Cosecha, el templo evangelista más grande del país. De regreso al infierno, busca un milagro para seguir vivo.

 

Este reportaje es una colaboración entre Newsweek en Español y el Programa de Periodismo de Investigación de la Universidad de California, Berkeley.

Alfredo, ‘Al’ Varón, regresó a morir a casa.

La historia de Alfredo Varón Guzmán es una mezcla de paradojas. Nació en 1958 en Barranquilla, Colombia, y vivió buena parte de su vida en Nueva York. “En aquel entonces, la migración era sólo cuestión de papeles. Llegamos a Estados Unidos como residentes permanentes legales”. En 6 años en el Ejército fue desplegado con la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Alemania, se llevó 6 medallas y 3 recomendaciones.

Varón cuenta su historia en una entrevista en la Casa de Apoyo a Veteranos Deportados, un albergue que recibe a exmilitares deportados, mexicanos en su mayoría en Tijuana, Baja California.

“Cuando nos unimos al servicio se nos prometió la ciudadanía, es decir, si terminábamos bien estaríamos encaminados a ello. Gratis y expedita. ” narra. “pero en el Ejército solo nos descargaron y nos dijeron adiós. Yo pensé, como mucha gente pensó, en aquel entonces nos hicieron una promesa migratoria”.

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