El muro de acero transforma las ciudades fronterizas en zonas donde se truncan familias, amistades, sueños y aspiraciones. Donde las huellas de los pasos se pueden convertir en desechos de jeringas o en cruces empotradas en una barda. Donde los atardeceres junto al mar se comparten a través de una reja.

En “la línea”, el tiempo no existe y la espera puede durar años. El silencio sobrepasa la vida. No hay identidad, ni pasado, ni vuelta atrás, porque el largo camino terminó por arrancar las raíces.

El hambre viene / el hombre se va / ¿Cuándo volverá?

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