Daniela Pastrana
@danielapastrana

En los últimos años, los periodistas mexicanos hemos asistido a la destrucción de un país con vocación alegre, solidaria, caótica y fiestera, donde ha sido reducido a un país que cada día tiene menos motivos para la esperanza. Un país donde el valor de la vida y de la humanidad es inexistente, en el que el cáncer de la corrupción ha hecho metástasis y la impunidad es la marca de la máquina del derrumbe.

Muchos periodistas hemos sido testigos de esa destrucción. La hemos documentado, la hemos rastreado y la hemos contado de distintas maneras. Pero, como los locos del pueblo, lo hemos hecho solos, a veces acompañados de colegas de medios internacionales, de activistas y, sobre todo, de las víctimas, que nos han mostrado, una y otra vez, una fortaleza y una generosidad a prueba de todo.

Pero frente a una sociedad que cada día se inyecta su dosis de anestesia para no ver ni sentir el dolor; frente a un Estado criminal; a una élite política cínica y corrompida hasta los tuétanos; a una élite empresarial rapaz, y a los grandes medios de comunicación arrodillados ante los grupos de poder, decenas de periodistas hemos aprendido –no con poco esfuerzo- a acompañarnos unos a otros, a tejer redes, a crear nuestras propias plataformas, a caminar en equipo, sin jefes, sin medios, burlando recovecos en las redes sociales, grietas en algunas redacciones. Continue reading