A una calle de la Vía Internacional, donde el muro fronterizo divide a México de los Estados Unidos un albergue pequeño recibe a homeless (personas sin techo) y migrantes deportados. La Casa del Deportado Sagrado Corazón de Jesús destaca en la desolada calle Sánchez Ayala por un letrero y un mural. A unos pasos, se encuentra la calle Coahuila, uno de los puntos más sórdidos de Tijuana conocido por el comercio y explotación sexual. Las prohibiciones en San Diego son las oportunidades de este lado mexicano.

Perla Hernández es originaria de Jalisco y emigró desde 1990 a Mexicali, luego a Rosarito y luego a Tijuana, donde trabaja haciendo chequeos de presión. Estudió enfermería y trabajó en un establo, lavando platos y como enfermera. Alquiló una casa en este lugar donde recibe a los deportados desde 2010. Ella prefiere ser conocida como Perla del Mar.

Cuenta que en sus inicios, era buscada para contactar con coyotes (traficantes de personas), a lo que se negaba. De alguna manera logró mantenerse al margen. En estas calles abundan coyotes, pues es aquí donde llegan los deportados o los migrantes que buscan probar suerte. Desde 2012, abrió sus puertas a homeless (personas sin techo) y personas deportadas de los Estados Unidos.

Perla Hernández, directora de la Casa del Deportado
Perla Hernández, directora de la Casa del Deportado
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BUSCADORES Fernando Ocegueda from Periodistas de a pie on Vimeo.

El 10 de febrero de 2007 Fernando Ocegueda Ruelas fue secuestrado por un grupo de 20 personas armadas que allanaron sus casa para llevárselo por la fuerza. Su padre, Fernando Ocegueda Flores comenzó a buscarlo. Junto con otros familiares, a partir de averiguaciones previas, descubrieron los predios de “El Pozolero” a las afueras de Tijuana quien disolvió en ácido cerca de 650 cuerpos.

Corto realizado por Consuelo Pagaza y Prometeo Lucero
Con apoyo visual de Carolina Robledo Silvestre, Asociación Unidos por Nuestros Desaparecidos en Baja California y Google Earth.

Muro fronterizo México EEUU
Muro de Tijuana, BC. Foto: Prometeo Lucero

 

“De este lado también hay sueños”, se lee en una barrera metálica que divide Tijuana, Baja California, de San Diego, California.

El mensaje, pintado en 2012, cobró mayor relevancia cuando Donald Trump asumió la presidencia de los Estados Unidos en enero de 2017 con un discurso de odio racial antiinmigrante y la promesa de un muro (otro, aún más grande).

El propósito de pintar ese mensaje era “valorarnos a nosotros mismos”, cuenta Armando Alanís Pulido, fundador de Acción Poética en Monterrey. Por eso, desde ese punto de vista, “aquí comienza Latinoamérica”, dice.

A lo largo de la colonia donde se colocó el muro de planchas metálicas rojas hay varias casas de bajos recursos. En algunas de ellas hay antenas parabólicas, pero no más. Son las últimas casas en territorio latinoamericano que ven hacia el norte. En el suelo incluso hay jeringas de consumo de heroína, herencia de la adicción y las deportaciones.

Quizás, como una forma para mostrar desprecio, esa misma colonia lanza su basura a terreno estadounidense, justo donde se encuentra la segunda capa de muro, construída durante la administración de Bill Clinton.

Parece sencillo cruzar la barrera roja metálica, la primera capa. Puede romperse, brincarse o escarbar en el suelo arenoso. De hecho hay muchos fragmentos rotos, derrumbados o inexistentes por la geografía montañosa. Sin embargo, a partir de ese cruce empieza la dificultad real: postes con cámaras térmicas, sensores de movimiento, grandes barreras metálicas blancas y pistas bien asfaltadas donde, con precisión, cada cinco minutos pasa un vehículo de la patrulla fronteriza, y a lo largo del día varios helicópteros sobrevuelan la línea.

Pintar la barda fue algo improvisado. La idea salió en el momento: “¿Qué tal si intervenimos el muro”, dijo Armando. Colocaron una escalera, sacaron botes de pintura, brochas y comenzaron a pintar sobre las planchas metálicas oxidadas.

“A los cinco minutos había helicópteros y Border Patrol (patrulla fronteriza estadounidense)”. Aunque no hubo contacto, la amenaza visual era imponente. Además, recuerda con ironía: “Ese día vencía mi visa”.

Acción Poética es un movimiento que nació hace 20 años, cuyo impacto ha desbordado varios países de habla hispana. Se trata de colocar mensajes poéticos en las paredes de barrios y ciudades bajo ciertos criterios: fondo blanco, letras negras, todo en mayúscula, no más de 10 palabras en dos renglones.

Acción Poética no toma bando por partidos políticos o religión, explica Armando, pero sí difunde un mensaje amoroso.

Incluso ha llegado a escribirse en lenguas nativas indígenas o hasta en Braille con corcholatas y taparroscas en Argentina. “Este movimiento se desbordó”.

La intervención en Tijuana inició en 2012 y ha recibido mantenimiento durante dos ocasiones. En 2016 fueron realizadas otras más. Alanís busca un nacionalismo más allá de las redes sociales. “No son nada agradables los muros, son provocadores”.

Cerca del lugar, hay otra intervención con el mensaje “Estoy al límite”, junto al poste de límites internacionales. Desde el muro, hacia el norte comienza Estados Unidos. Mirando al sur, desde ese mismo muro, comienza Latinoamérica.

-> Publicado en Revista Cambio | Febrero 2017

El proyecto Veteranos Deportados fue declarado ganador del primer lugar en la categoría Trabajadores Migrantes del 21 Concurso Latinoamericano de Fotografía Documental “Los Trabajos y los Días-2015”.

El certamen es organizado por la Escuela Nacional Sindical, de Colombia.

La sustentación del jurado afirma que “La serie da testimonio de como estados Unidos hace uso de las vidas humanas para defender sus intereses. Cuando ya los inmigrantes no le son útiles decide desecharlos y deportarlos, en vez de apoyarlos social y laboralmente. El fotógrafo aborda de forma clara y sutil el tema, logrando que cada retrato cuente una historia. Cada personaje fue fotografiado en su universo personal, utilizando luz ambiente y con un detalle que nos permite entender el contexto.”

El proyecto ganador documenta cinco historias de veteranos deportados en Tijuana y Rosarito, Baja California, inicialmente fue publicado en Animal Político a través del especial multimedia De Soldados a Deportados, gracias a la beca Amigos de Animal, cuya financiación hizo posible el reportaje.

Posteriormente, Semper fi. La lealtad de un solo lado, dio un seguimiento enfocado a los detalles legales y migratorios. Esta segunda parte fue publicada en el portal En El Camino de la Red de Periodistas de a Pie.

-> Revista Semana: Galería Las mejores imágenes del concurso latinoamericano de fotografía documental

 

 

Alfredo, ‘Al’ Varón, regresó a morir a casa.

La historia de Alfredo Varón Guzmán es una mezcla de paradojas. Nació en 1958 en Barranquilla, Colombia, y vivió buena parte de su vida en Nueva York. “En aquel entonces, la migración era sólo cuestión de papeles. Llegamos a Estados Unidos como residentes permanentes legales”. En 6 años en el Ejército fue desplegado con la Organización del Tratado del Atlántico Norte en Alemania, se llevó 6 medallas y 3 recomendaciones.

Varón cuenta su historia en una entrevista en la Casa de Apoyo a Veteranos Deportados, un albergue que recibe a exmilitares deportados, mexicanos en su mayoría en Tijuana, Baja California.

“Cuando nos unimos al servicio se nos prometió la ciudadanía, es decir, si terminábamos bien estaríamos encaminados a ello. Gratis y expedita. ” narra. “pero en el Ejército solo nos descargaron y nos dijeron adiós. Yo pensé, como mucha gente pensó, en aquel entonces nos hicieron una promesa migratoria”.

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John F. Kennedy, en el Bunker de Otay, BCq
John F. Kennedy, en el Bunker de Otay, BC

El entrenamiento quedó en la cabeza de Héctor López, reservista y mecánico de vehículos ligeros del Ejército, al volver a casa en Fresno, California después de ser brevemente activado en 1989. Manifestaba síntomas de TEPT.

“Yo nomás agarraba ataques de ansiedad por el enemigo y nos entrenan a matar, nos entrenan a cuidarnos cuando estamos en situaciones que pueden ser peligrosas para nosotros”. Como otros veteranos, López decidió automedicarse pero se dio cuenta de que las pastillas antisicóticas lo dejaban sonámbulo, “como zombie todo el día”. Para controlar su ansiedad, López comenzó a consumir marihuana. Y entonces fue arrestado y deportado.

Hoy esta historia es una paradoja: California es uno de los estados donde el consumo de marihuana ha sido despenalizado para fines medicinales.

Héctor López, aprendió en el campo de batalla, “in the battlefield”, que nadie se cuestiona “hey, ¿eres ciudadano?” o “¿eres americano o qué?”. Sólo se dicen “cuida mi espalda porque yo cuido la tuya”.


Proyecto multimedia financiado por la Beca Amigos de Animal publicado el 14 de julio en Animal Político

https://readymag.com/145151

Jardín de las Mariposas
Jardín de las Mariposas. Tijuana, Baja California

 

TIJUANA, BAJA CALIFORNIA.- Estéfani no recuerda los detalles del día que le cambió la vida. No puede describir, por ejemplo, cómo era el primer ardor que le consumía el cuerpo. Tampoco tiene claro qué fue lo que hizo las horas posteriores al ataque. Lo que sí recuerda es que estaba parada frente a la puerta de la casa en la que todavía renta un cuarto, en el centro de esta ciudad fronteriza, cuando le tiraron encima ácido sulfúrico.

-Me lo aventó por atrás una jota igual que yo; una trans igual que yo. Me lo aventó por envidia, porque nunca le hice algo malo como para que me hiciera esto. Creo que ya se fue. No sé dónde está, tiene mucho que no la veo -cuenta Estéfani, sentada en una piedra, en el patio de esa misma casa.

Luego de que la atacaron, el jueves 24 de julio de 2014, alguien la llevó a un centro de salud. Ahí le dijeron que le harían un injerto de piel en la espalda y la parte trasera de los brazos. Pero ella escapó: no quería cicatrices en su cuerpo curvilíneo.

-Así anduve trabajando una semana todavía, pero después me llevaron a otro centro de salud; ahí hicieron curaciones a mi piel. Es que ya no aguantaba el ardor. Fue horrible -recuerda.

 

-> Publicado en  Eme Equis | El Jardín de las Mariposas | Texto: Jésica Zermeño. Fotografía: Prometeo Lucero

El muro de acero transforma las ciudades fronterizas en zonas donde se truncan familias, amistades, sueños y aspiraciones. Donde las huellas de los pasos se pueden convertir en desechos de jeringas o en cruces empotradas en una barda. Donde los atardeceres junto al mar se comparten a través de una reja.

En “la línea”, el tiempo no existe y la espera puede durar años. El silencio sobrepasa la vida. No hay identidad, ni pasado, ni vuelta atrás, porque el largo camino terminó por arrancar las raíces.

El hambre viene / el hombre se va / ¿Cuándo volverá?

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