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Dedicado a los que se atreven a defender a la Madre Tierra, quien nos da la libertad para nuestros hijos.

Las mantas hablan y lloran. Gritan, viajan con el dolor del ser que se aleja de los que más quiere. De su Tierra, de su cultura, de los hijos y de su amada.

Las mantas hablan y gritan de la persecución, de la impotencia de no poderse defender en una sociedad desigual, de incomprensión y desamor.

Lloran de nostalgia porque sus bosques y sus caminos ya no serán los mismos que lo llevarán hacia sus sembradíos, para abonar la tierra que alimentará a su familia.

Ahora la lluvia no tendrá el mismo significado en una cultura extraña.

Ahora la frialdad del “comierdalismo” ya no le permitirá gritar de júbilo en sus fiestas colectivas, en las calles empedradas de su terruño.

Las mantas gritarán ¡Ya basta! de la persecución contra de los sin papeles, quienes ya se habían establecido del otro lado y después son arrojados de su familia, provocando la ruptura familiar que cada día se lucha por lograr.

Las mantas llorarán por todo el resentimiento guardado contra la asquerosidad política en mi país, encumbrada a espaldas del pueblo.

Gritarán del México desgarrado por la desigualdad, la insensibilidad y mezquindad de sus gobernantes.

Y el pueblo en turbulenta migración huyendo de la violencia contra el indio, dejando atrás en llamas la destrucción de su cultura provocada desde la invasión española. Ahora se transforman en Cristos y Guadalupes que saltan perseguidos por helicópteros y agentes de la Migra, los muros de la frontera, creyendo que encuentran en el horizonte una vida mejor.

A lo lejos una estatua de la Libertad encadenada parece avisarle que la vida será muy complicada. Que esa llama de esperanza habrá que protegerla de la tormenta que se habrá de cruzar.

La memoria de nuestros antepasados con sus principios y valores estarán a prueba. Se sembrará la vida ahora en fábricas, centros comerciales, entre edificios y express ways, entre el spanglish, entre rubios y morenos, puertorriqueños, polacos, orientales y chicanos.

Poco a poco los pensamientos cambiarán. Que aquí hay más comodidad, que los hijos aquí podrán estudiar, que allá el apoyo al campo está pa’llorar. Que hasta cuando el agua potable llegará al pueblo, la luz, los caminos y todo lo demás.

La mente está sin descansar. Aunque después ya no se podrá regresar, los hijos con otra mentalidad, sus nuevas raíces ya no se podrán arrancar.

¿Donde estás Libertad?

¿En los centros comerciales, en las calle y avenidas y entre grandes edificios andarás? ¿No te quedarías allá? ¿En las calles empedradas, caminando lentamente en busca de un trozo de pan?

¿No estará en el camino a su sembradío presintiendo el aguacero que la semilla germinará?

Quizá en la mente del niño que con trozos de papel y carrizo arma su papalote imaginando construir un modo de viajar a un lugar que en su mente se ha sembrado donde todo podrá comprar.

Libertad, te entiendo, estás donde quieres estar, con quien quieres estar, cuando quieres estar, como quieres estar. ¿Cuándo pues? Tú dirás. Yo ya estoy viviendo y muriendo para poder llegar.

Artículo escrito por el artista Nicolás de Jesús publicado en La Jornada Guerrero, 8 de mayo de 2010. Foto: Prometeo Lucero